martes, 3 de enero de 2012

Todo cambia, ¿ves?

Deja de apretar los párpados que todo cambia. Mira, ¿ves? Cambia. Aunque cierres los ojos. Cambia. Abril, tu pelo, incluso los puñeteros recuerdos de tu pelo allá por abril. Qué putada, ¿no? Que cambie, no abril, no tu pelo, sino los puñeteros recuerdos. Pero sí, cambian, y tú mientras aprietas los párpados esperando que se queden quietos o, que por lo menos, no duelan. ¿Duelen, los recuerdos? Un  poco, porque cambian, todo el tiempo, se transforman cualquier cosa si antes ha sido otra; como las palabras que no dicen lo que dicen, como los silencios que siguen a las canciones. 
Se escapan, aunque cierres los ojos, no es posible enjaular los recuerdos, por más piel o gritos o saliva que tengan. Porque cambian, vuelan, se van, y de huella dejan esas sonrisillas que no vienen a cuento en mitad del metro o esperando que el semáforo se pongo en verde.
Deja de cerrar los ojos, que tarde o temprano se irán, incluso aquel domingo en el que hicimos más de mil veces el amor. 
Y disparemos todavía-no a la mismísima entrepierna del presente para que no salga corriendo. 

Marina Kahlo.

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